Fernando López Guisado concentra los mejores poemas hasta la fecha en ‘La letra perdida’

La letra perdida supone para el poeta un retorno a través de un gran umbral en el reducido espacio que tiene la lírica en el mundo del mercado editorial

Fernando Joaquín López Guisado (Madrid, 1977). Es poeta. Combina la escritura y la crítica literaria con el Radiodiagnóstico. Ha publicado cuatro poemarios hasta la fecha: Aromas de Soledad, El Altar de los Siglos, Porque nunca fue suyo y La Letra Perdida publicada con Ediciones Vitruvio en 2012. Ha sido incluido en tres antologías. Es colaborador del diario El Pulso y las revistas Escritores de Rivas y Ágora: papeles de arte gramático. Conduce la bitácora digital Buenas Noches Nueva Orleans.

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Por: Alberto Berenguer  Twitter: @tukoberenguer

Comienza su andadura literaria en el año 1995 con Aromas de soledad y tres años después surge El altar de los siglos. ¿Cómo fueron acogidas ambas obras entre sus primeros lectores?
Con suma timidez. Aromas de Soledad fue una tirada ínfima, de la que no quedan ejemplares. El altar de los siglos es un buen libro, con taras debidas a la inexperiencia de la juventud tanto poética como física. No supe ayudar al libro a “respirar” y eso es necesario.

¿Cuándo comenzó a involucrarse en la poesía?
Desde muy joven. Supongo que toda poesía surge de sentimientos poderosos; el amor adolescente, con todo su poder embriagador y enloquecedor al mismo tiempo, creo que supuso mi primer contacto con la lectura de una poesía menos infantil y el empujón hacia la escritura. Luego te quedas en ella pasando a otros peldaños, o la abandonas. Yo me quedé. Es uno de los pilares de mi cordura.

Tras más de catorce años de silencio editorial, ¿qué significa para usted la publicación reciente de La letra perdida?
Una combinación compleja de emociones, algunas tan dispares como el agua y el aceite. Supone además un retorno a través de un gran umbral en el reducido espacio que tiene la lírica en el mundo del mercado editorial. También implica el final de un proceso, tanto de sufrimientos como de alegría: una mirada anhelante al futuro.

Si es posible, ¿a qué fue debido este parón literario tan prolongado en el tiempo?
Decía Lovecraft que la emoción más intensa es el miedo, y mi caso tiene mucho de miedo y de perfeccionismo. Después de un gran desengaño con el funcionamiento del mundo tras El altar de los siglos, consideré que era momento de realizar un parón para retornar con una poética de mucha calidad, muy trabajada, y producto de “un pasado” vivido, unas experiencias que narrar. Sin embargo, se fue alargando… La dedicación se transformó en excesivo celo, y el miedo al rechazo hizo el resto.

La letra perdida será presentada el viernes 23 de noviembre a las 19:30h en el Café Comercial de Madrid. Tanto Ediciones Vitruvio como usted, ¿tienen pensado realizar más presentaciones?
Sí, esa es la idea que tengo en mente. Pero quiero hacerlas con la seguridad de que puedo contar con el calor de algunos lectores. De todos modos, cuando uno sale fuera de su espacio de certidumbre, el mínimo calor supone ya una gran satisfacción. Hay otra planeada en el ya famoso Mirador Literario de Covibar, del municipio en el que vivo, gracias al ánimo de compañeros escritores de Rivas Vaciamadrid. Después, confío en hacer presentaciones en Alicante y/o Valencia (tierra que adoro y que ha influido sobremanera en mi lírica), así como en Burgos, Barcelona, Granada y Zaragoza. Todo está en el aire, tengo que conseguir lugares y lectores interesados.

Para aquellos lectores interesados en su poemario, ¿dónde pueden adquirirlo?
Está disponible en una amplia gama de lugares, y siempre se puede encargar sin problemas en la librería de confianza, o adquirir a través de internet en varias tiendas online (aunque no está disponible en formato ebook por el momento). También estará presente en grandes superficies como El Corte Inglés y, por supuesto, La Casa del Libro. En Rivas Vaciamadrid me gusta conducir a los lectores a El Rincón de la Lectura o La Cigüeña, cuya labor de apoyo a los escritores locales resulta encomiable.

Comenzamos ya a indagar en su poemario. ¿Resulta complicada la fusión de diferentes herencias líricas con referentes culturales de los 80?
Después de tantos años de esfuerzo en perfeccionar esa combinación ya es algo que me resulta natural. Todo tiene un poso de sentimiento profundo (no nos hemos desprendido del movimiento literario del Romanticismo, al fin y al cabo), y de esa forma se encuentran los lugares comunes, incluso en las imágenes y la palabra. Además, uno es lo que ha vivido, lo que ha vivido y lo que ha leído; asimilamos esas influencias como otros creadores del pasado las suyas. Ahora mismo estamos viendo cómo brota mi generación para tomar el relevo: los temas en las películas, por ejemplo, los “revival” de series y productos que devorábamos en la explosión del “video club”. Si unimos esto a una formación menos popular, me resulta verosímil una fusión de influencias, que por otro lado es muy necesaria.

Tras ser un volumen de lenta gestación y maduración, ¿qué diferencias podrá encontrar el lector con sus anteriores obras poéticas?
Aunque se mantienen algunas constantes, opino que estamos ante una poética muy trabajada, muy exigente consigo misma, con un mensaje mucho más directo en la mayor parte de los poemas. Por eso mismo, también resulta menos farragosa, más comprensible y amable tanto para el público que no es habitual al género (encontrará referencias que le serán cómodas, sobre todo si se ha criado entre los 70-90) como para el lector habitual (riguroso y erudito) de la poesía. Pretende desprenderse de toda metáfora superflua, de juegos de artificio.

¿Piensa que en La letra perdida concentra los mejores poemas hasta la fecha de toda su trayectoria profesional?
Eso han afirmado algunos, sí. Me produce ahora mismo este libro mucho miedo de no poder componer poemas con esa misma voz y esa calidad que tiene. Espero que este miedo no me atenace y no me vuelva a pasar otra pila de años sin publicar de nuevo.

¿Qué temas encontraremos en sus poemas?
Muchos, aunque todos cantan a los mismos sentimientos: sensación desubicada, la incertidumbre, la consciencia de la vejez y el cambio, la pluralidad de la Verdad (todos tenemos una) y la salvación por el Amor. Hay poemas sobre el mar, sobre la rutina, el mobbing, la pérdida de la identidad…

¿Cree que uno de los puntos fuertes de su poemario es la capacidad de identificación de la situación actual de cada lector?
Sin duda alguna. Este libro canta a cosas que nos están pasando a todos y que no son ni nuevas, ni una sorpresa. La crisis es una etapa de la vida.

Y hablando de lectores, uno de ellos en su blog “Puentes de papel” afirma que “su poesía combina factura formal, tejido emotivo y reflexión inteligente”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
Es imposible no estar de acuerdo con el gran poeta y crítico José Luis Morante. Si el así lo ha percibido, no puedo más que suspirar tranquilo y agradecido: su rigor es extremo en estos sentidos, en especial con la poesía y su calidad. Aunque inteligencia y pasión no se llevan muy bien dentro de mi “yo” real (que respira, come y llora), en el libro (para mi gran sorpresa) todo fluye dulce como la sombra de la Penya de Ifach sobre el mar.

Todos somos conocedores de la situación económica actual de nuestro país, pero ¿piensa que la publicación de su poemario da esperanza a esos poetas que puedan estar en fase de desanimo existencial?
Bueno, es un poemario, en ese sentido, muy duro. Algunos amigos me han dicho que había tenido un gran valor. Pero creo que se pueden sacar unas fuerzas creativas del desánimo muy potentes, telúricas. Hay que aprovecharlas para combatir, amar y alcanzar la superficie. Y, sobre todo, ayudar a que los demás lo hagan. Somos seres en el mundo, tenemos que apoyarnos.

¿Presenta con La letra perdida un trabajo literario riguroso y crítico?
Así lo he pretendido. Han sido largos años de exigencia y criba. De dolor y método. La papelera de reciclaje de Windows llegó a contratar a un matón para que me partiera los dedos… Volviendo a la seriedad, he intentado tomarme siempre el poemario como algo que hubiera escrito “mi mayor enemigo” (que somos nosotros mismos). Una vez admitida mi derrota ante la calidad de la poesía de este “adversario”, me quedé contento con el trabajo.

Muchas editoriales españolas confiesan no poder abarcar el gran número de manuscritos que reciben a diario y las plataformas online acogen obras con errores descomunales. ¿Cree que debería existir una baremación de calidad?
Tiene que haberla, sin duda. Creo que el mundo editorial está ahora en un proceso de transformación muy complicado. Yo mismo me animé a probar suerte en el mundo digital amazónico con un “libreto poético” (una historia con base de poesías), titulado “Porque nunca fue suyo”. Ahí está y estoy orgulloso de ella. Sin embargo ha supuesto un gran trabajo de pulido y perfeccionamiento. Mucha gente se está lanzando a la publicación digital a ciegas, pensando que lo que escribe es totalmente intachable y perfecto, o que sus correcciones son infalibles, y no es así. Pero hay muy buenos autores que han tomado este camino. Lo que deberían comprender las editoriales grandes (no hablo ya de poesía, que siempre está relegada a los infiernos del desconocimiento) es que hay gente muy válida que merece una oportunidad. Creo que hace falta un cambio de ritmo.

¿Qué significa para usted tener el respaldo de Ediciones Vitruvio? ¿Qué ha aportado la editorial a su poemario?
Confianza, distribución estupenda, bella factura formal del libro, sugerencias de perfeccionamiento, tranquilidad personal. Vitruvio es una gran editorial para poesía, además de muy valiente, porque las grandes sólo publican los premios y las “recomendadas apuestas seguras”. Fue siempre uno de mis objetivos y he conseguido salir en la famosa colección Baños del Carmen, que ya es una institución, y mezcla voces nuevas con otras que son clásicos del panorama actual.

Ha colaborado en el famoso proyecto Ilusionaria, ¿en qué grado ha participado en la antología benéfica?
Ilusionaria es algo indescriptible. Es lo mejor que me ha pasado este año. He conocido a gente solidaria, de bello corazón y alma limpia. Un equipo unido dando lo mejor de sí por esta causa. Juan de Dios Garduño ha creado algo muy grande con base en un gran proyecto. El libro, que saldrá en diciembre, bajo el amparo de Kelonia Editorial, va a ser impactante por su belleza. Todo el beneficio irá a parar a la causa: la Fundación y Colegio Mauricio Garrigou para que los niños con Síndrome de Down puedan recibir una educación personalizada con toda la estimulación necesaria y con los mayores avances. En Ilusionaria cada uno participa haciendo de todo: extensión, tormenta de ideas, búsqueda de “sponsors”, organización de las presentaciones. Siempre coordinados por gente excelente como Juande, Voro Luzzy, David Prieto, Carmen Cabello… Además he tenido la suerte tanto de conocer a grandes personas como de coincidir con un amigo personal de toda la vida, Eloy Alonso. Como debíamos guardar en secreto nuestra participación, nos enteramos a la par, y fue muy emocionante: aparte es un escritor de mucha calidad y este será su estreno, por lo que hay que seguirle la pista. En cuanto a mi participación más específica, yo soy parte de la “novedad” de esta edición porque colaboro con una poesía infantil, algo que sucede por primera vez, y estoy muy emocionado y agradecido por esta oportunidad “piloto”. Recomiendo seguir muy de cerca este proyecto, es un regalo de navidad solidario y precioso para los niños. Hoy mismo ha salido la página web donde se puede consultar todo lo relativo a esto: http://www.ilusionaria.com/

Por último, ¿qué libro recomendaría a los seguidores de De lectura Obligada?
¿Sólo uno? Imposible. Me centro en géneros y en lo nacional. Si buscas terror, hay grandes nombres: Javier Cosnava con 1936z, Quevedo Puchal con sus Cuerpos descosidos y Emilio Bueso, que me impresionó mucho con su novela Diástole, de lo mejor que he leído. En cuanto a novela contemporánea, siempre recomiendo la nueva obra de José Guadalajara, La luz que oculta la niebla (los admiradores de Murakami tienen ahí un filón). En fantasía, El Rey Trasgo de Alberto Morán. Ya en poesía, todo. Hay que leer todos los clásicos, tener una formación poética. En el panorama actual más reciente hay poetas estupendos: Ricardo Virtanen (experto en haiku), Juan Carlos Suñén, José Luis Morante, Antonio Daganzo, Francisco Illán Vivas, Rafael Soler, el propio editor de Vitruvio Pablo Méndez, o el reciente premio de la crítica Manuel Lacarta. Ahora mismo estoy leyendo una antología de Víctor Botas que me ha prestado un amigo y es impresionante.

Publicado el noviembre 19, 2012 en Entrevistas, escritores, España, Europa, Inicio, Madrid. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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