‘Lo que no está escrito’ es una novela con tantas aristas como un prisma y muy interpretable

Rafael Reig no cree que sea posible vivir de la literatura excepto si eres un superventas

El autor en una foto extraída de su blog

El autor en una foto extraída de su blog

En 2010 ganó el VI Premio Tusquets Editores de Novela con su obra Todo está perdonado, su anterior novela. ¿Hay más presión cuando se lanza una nueva obra después de una que ha sido premiada y bien recibida por los lectores?
Claro que sí, pero es una presión que, en mi caso, sólo la ejercía yo mismo. Nadie me metió prisa ni me exigía nada, pero yo sí sentí el peso de una responsabilidad mayor, sobre todo porque me propuse hacer algo distinto.

Lo que no está escrito es una novela distinta a todo lo que había publicado hasta ahora. Hay pocos personajes y poca acción. ¿A qué se debe dicho cambio?
A ese deseo de hacer algo muy diferente. Creo que una novela es una respuesta a un problema, una solución a un enigma que el autor se plantea. Puedes resolver una y otra vez el mismo problema y cada vez lo haces mejor, con suerte, o incluso llegas a despejar por completo la incógnita. Muchos grandes escritores hacen eso, como Juan Marsé, pongamos por caso. Otros prefieren formular un problema diferente, que requiere una respuesta distinta, y eso es lo que a mí me va más.

lo-que-no-esta-escrito¿La imagen que refleja de la familia en esta novela coincide con su visión de la misma?
Claro, pero sólo si fuera cierto que yo tengo una única visión de la familia. No es así: tengo varias, muchas de ellas contrapuestas. Tiendo a ver muchas cosas como descompuestas en un prisma, con varias caras opuestas. Esta es una visión de la familia, incluso hay varias en la novela, pero aún hay otros puntos de vista en mi cabeza a los que doy tanta importancia como a éste. La familia no es optativa, al menos de momento, y sin duda es una experiencia demasiado intensa, nos proporciona tanto la mayor felicidad como la desdicha más perdurable. Por eso seguimos escribiendo sobre la familia.

La elección de una estructura bastada en capítulos cortos que intercalan –sin mezclar- las distintas voces narrativas da a la novela un ritmo ágil. ¿Era la idea original o el resultado de posteriores reescrituras?
Está unida a la concepción original de la novela, que desde el principio me propuse que fuera también una reflexión sobre la lectura, sobre la interpretación de la realidad; para ello necesitaba una novela dentro de la novela y a alguien que la leyera y sacara conclusiones. Por otra parte, los personajes están bastante inmóviles (unos en un secuestro, dentro de un piso; otros en un refugio de montaña; otra, en su casa, leyendo), así que los capítulos cortos y contrapuestos, como sístole y diástole, pretenden añadir el ritmo acelerado o cardíaco que de otra forma hubiera sido difícil conseguir,  y así mantener la atención y la tensión en el lector.

Preparando la entrevista hemos leído varias críticas lamentando que el personaje de Carmen –que es el nexo entre las historias- no se acabe de perfilar. ¿Qué responde a estos lectores?
Que me hago responsable de lo que he escrito y también de lo que no he escrito. Pero que ellos también son responsables de lo que han leído y de lo que no han leído. Si yo me pregunto, ante este comentario, por qué no he dado más relieve a Carmen; los lectores no deberían dejar de preguntarse por qué tal vez la han leído difuminada, y no como la persona egoísta, auto-indulgente y miope que, a mi modo de ver, aparece en el libro.

Los títulos de todas sus obras son de los que te obligan a coger el libro y leer la sinopsis cuando te topas con ellos en las librerías. Dos ejemplos serían Guapa de cara o Manual de Literatura para caníbales. ¿Tiene algún método para crear títulos tan llamativos?
canibales
La higiene, ducharme a menudo. A mí las ideas, que tienen muy mala idea, se me ocurren bajo el agua, donde no puedo apuntar nada. Así que, de todas aquellas  ideas bajo el chorro de la ducha, sólo sobreviven las más cortas, que son de las únicas que me acuerdo cuando ya estoy vestido y con un lápiz. Sólo dan para títulos. El problema luego es rellenarlos.

También tienen nombres atractivos las obras colectivas en las que ha participado, como Siete crímenes casi perfectos (2009). ¿Puede explicar a nuestros lectores cómo suelen surgir este tipo de obras?
En ese caso son el resultado de un curso sobre crímenes reales que hicimos en el Hotel Kafka. Manejamos materiales muy diversos, desde autopsias a fotos policiales y sentencias. Fue una experiencia tan estupenda que convencimos a dos de los profesores, Ángel García Collantes y Beatriz de Vicente, de que colaboraran con un gran novelista, David Torres, para preparar este libro.

Y, ¿alguna vez ha dicho no a una petición de colaboración con algún escritor?
Sólo por razones de falta de tiempo. A mí los encargos me gustan mucho, porque al final acaban siendo tus libros más personales. Te dan un parapeto en el que volcar lo más íntimo sin que nadie lo sospeche; atrincherado tras el encargo, puedes cumplir la famosa orden que recibió desde tierra un buque en la guerra civil: disparad contra nosotros, el enemigo está dentro.

Aunque son malos tiempos para la edición de libros, usted sigue publicando con frecuencia. ¿Le afecta la crisis editorial a un escritor consolidado?
No sé si “escritor consolidado” es tan oxímoron como “inteligencia militar” o la cabecera de aquel periódico, “El Pensamiento Navarro”. Hemos visto disiparse en la niebla a decenas de escritores consolidados. La crisis nos afecta a todos, por supuesto, no tanto por la dificultad de publicar, sino por una dificultad mucho más grave: la de vender libros. Como decía Gabriel Ferrater, escribir sin que nadie te lea es como tirarse a una piscina sin agua.

Hemos tratado muchas veces este tema con autores jóvenes y poco conocidos. Y siempre acaban confesando que sueñan con vivir de la venta de sus libros. Teniendo en cuenta su experiencia como autor y lo que conoce del sector. ¿Cree que es una meta alcanzable?
No, sinceramente no, al menos no para el proletariado que no somos grandes ventas. Creo que es posible en cambio vivir de los ingresos que te hacen ganar los libros, es decir, los famosos “bolos”, esas conferencias que te invitan a dar por ahí, los artículos de prensa, los jurados de premios, etc. La paradoja es que tienes que escribir para conseguir bolos que, a su vez, te quitan todo el tiempo para escribir. A los jóvenes yo les suelo decir que desistan y, si no son capaces, entonces que insistan, pero con una tenacidad y una fe en sí mismos invencibles.

Desde la sociedad se está pidiendo un cambio de caras en la política. Esos jóvenes escritores quieren un relevo generacional en la literatura. ¿Está próximo o nos queda Rosa Montero, Pérez Reverte y cía. para rato?
Lo que quieran los jóvenes escritores (o los más seniles) es bastante indiferente a estos efectos, quizá (además de la suerte) sean factores más decisivos la voluntad (o el capricho) de los lectores, la contribución de los críticos y los medios, y por encima de todo los intereses (o caprichos) de las empresas. Lo que nos debemos preguntar los escritores, aunque nos seamos jóvenes, es por qué los lectores no se abalanzan sobre nuestros libros. Algo tendremos que ver con el asunto, algo tendrá que ver lo que escribimos.

Otro proyecto en el que está involucrado es Hotel Kafka ¿Qué nos puede decir de esta iniciativa?
Es un lugar de encuentro maravilloso y un gran catalizador, que pone en marcha procesos (aunque a veces no participe en ellos), gracias a su capacidad de reunir personas con distintos intereses y desencadenar un diálogo. Cada vez que se habla de la república de Weimar, del ágora de los griegos, de la Residencia de Estudiantes, pienso que un día se hablará así del Hotel Kafka.

Además de escribir  y promocionar sus obras, colabora con medios de comunicación y sus tareas en Hotel Kafka. ¿Cómo compagina todas estas actividades?
Madrugando mucho, no hay otra solución.

Siempre que hablamos de cursos de escritura creativa debatimos -entre los miembros de De lectura obligada-  sobre  si las cualidades literarias son innatas o se aprende. ¿Qué opina usted?
Que la disyuntiva es falsa: son innatas y se aprenden. Por muchas cualidades que tengas, si no las cultivas, de poco te valen. Por pocas que tengas, si las cultivas mucho, los resultados llegarán a ser brillantes. Me sorprende el debate… ¿Acaso no hay cursos de parto, que imagino admitirás que es una cualidad bastante innata? ¡Y además acuden los tíos a clases de parto! Y eso en cambio a nadie le sorprende. Si no tienes útero, no parirás; si no tienes “lítero”, no escribirás una gran novela. Pero aunque no tenga útero o “lítero” aprenderás a comprender qué es un parto o a leer mejor, que no es poca cosa.

Portada del libro recomendado por el autor

Portada del libro recomendado por el autor

Visitó el Parque del Retiro para asistir a la Feria del Libro de Madrid 2013. Una edición que cerró con un aumento de ventas del 9,3%. ¿Por qué cree que este año ha salido fortalecida la Feria tras varias ediciones con datos negativos?
Esta Feria ha sido, sobre todo voluntariosa, tras dos o tres Ferias muy plañideras. Todo el mundo estábamos deseando que fuera bien, que aumentaran las ventas, y nos decíamos unos a otros sin parar: esto va mejor que el año pasado. Creo que al final, ese optimismo ha convertido en realidad lo que deseábamos: ha ido mejor que otros años.

Solemos cerrar las entrevistas pidiendo al entrevistado que nos recomiendo un libro que sea “de lectura obligada”. ¿Cuál es su propuesta?
Un momento de descanso, de Antonio Orejudo. Una de las mejores novelas recientes y la que más capacidad tiene para, como se dice en el fútbol, crear afición, porque, como novela, es un partido muy táctico, con juego brillante y en apariencia fácil, pero en el que se marcan más de cinco goles de cabeza.

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Publicado el junio 26, 2013 en Asturias, Entrevistas, escritores, España, Europa, Inicio. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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