Jorge Lara presenta NUBEDIL, una serie de novelas de gran musicalidad

El autor narra una historia de amor, ambientada a finales de los años 60, en Córdoba (Argentina) 

Fuentes: Ediciones Carena

Fuentes: Ediciones Carena

Lo primero que nos gustaría saber es ¿cómo surgió NUBEDIL? Y, ¿por qué eligió el formato trilogía?
NUBEDIL, que es el nombre de la obra completa. Es un neologismo inventado por el protagonista, evocando, e invocando, a su amante en un poema. La segunda pregunta no te la puedo contestar, porque nunca elegí un formato, y menos el de trilogía. Jamás he mencionado, ni escrito, el término de trilogía con respecto a NUBEDIL.

Escribir un libro implica una gran inversión de tiempo, para la documentación, creación de los personajes y la redacción de la obra. Escribir tres triplica esa inversión. En su caso, ¿cuánto tiempo le llevó? ¿Escribió las tres partes de la obra del tirón?
Por lo visto, te encanta el número tres. No está mal. Antiguas interpretaciones lo relacionaban con el sexo y el juego. Pero insisto en que yo nunca he puesto límite a la cantidad de libros que necesite para contar mi historia. De hecho, ya van cuatro. Sin contar los dos manuscritos originales que los grupos parapoliciales y paramilitares secuestraron de mi domicilio y destruyeron, en el año 76. En esa época NUBEDIL iba a ser un solo libro grande, o dos más pequeños (de unas 400 pg. cada uno). Pero, bueno, como críticos literarios los golpistas argentinos (aunque no puedo asegurar que lo leyeran) también eran muy duros. Podríamos decir que aquella versión de NUBEDIL, tristemente formó parte de los cientos de miles de “desaparecidos”.

Volviendo a tu pregunta, sí, es un arduo, lento, solitario, y duro trabajo, el de escribir cualquier obra. Aquella versión me había llevado cuatro años de trabajo nocturno (porque de día trabajaba para sobrevivir, claro). Cuando volví a España, en el 78, tuve que luchar para convencerme que debía recomenzar desde cero algo que ya no sería lo mismo. Como ves, lo he conseguido. La distancia, el dolor, la progresiva maduración como escritor, la han transformado en una obra que se va abriendo sobre sí misma, e intenta ser un fresco de una época maravillosa y terrible, en Córdoba, Argentina, entre los años 65 y 75.

Supongo que donde pones “del tirón”, quieres decir escribir de un tirón. No sé si puedo definir así lo elaborado durante 34 años aquí. Piensa que también vital y económicamente debí recomenzar desde cero. No fue un lecho de rosas, te aseguro. Ni me facilitó nadie la tranquilidad o la continuidad para hacerlo. Pero desde finales de los 90 tengo un borrador completo de la obra. Y por la endemoniada extensión de lo escrito, más lo que se va agregando casi por sí solo, empecé a cerrar libros mínimamente manejables. Ya ves que no he estructurado un número, ni un límite. Serán tantos como vayan siendo.

En Internet se pueden encontrar varias reseñas de El Día del Estudiante, dando razones para sumergirse en su obra. Pero, ¿qué razones nos da su autor?
Las del placer de leer. Siguiendo tu símil, quien se sumerge en el mar disfrutará más cuanto mejor y más profundamente sepa nadar. Aquel que lea con pasión, y con paciencia, seguramente encontrará en mis textos –y en los de cualquier otro escritor serio y honesto-, tesoros y verdades que quizás ni nosotros hemos sido conscientes de depositar allí.

el-invitado-de-jorge-lara-nove-182_big2Leí su libro sin saber nada de usted. Fue en la web de Ediciones Carena, que edita sus libros, donde leí que usted era español. Confieso que me sorprendió porque el vocabulario de El Día del Estudiante, así como los giros lingüísticos son muy latinos. ¿Es su forma de expresarse después de muchos años viviendo en Argentina o un recurso más para ambientar la obra?
No busco efectos localistas, o naturalistas. A medida que avanzas en este oficio descubres que escribir como hablas es la mejor manera de comunicar lo que piensas. En honor a la verdad, yo soy un escritor argentino, nacido en España. Viví allí desde los tres hasta los treinta años. A aquel país le debo mi formación cultural y humana. Puedo hablar contigo en un lenguaje intermedio para mejor entendernos. Pero si los personajes y la historia pertenecen a mi amada Córdoba, sería absurdo hacerles decir gilipollas, o vale, en lugar de pelotudo, o de acuerdo.

Algunas coincidencias entre usted, el nombre y la nacionalidad, con el protagonista de El Día del Estudiante hacen pensar en que sea autobiográfica. ¿Es una conclusión acertada?
Apúntate el acierto, y avanza tres casillas. Aunque es prácticamente imposible que no lo fuera. Quitando a los mercenarios de la escritura para vender –a quienes respeto como trabajadores, no como literatos, que no lo son-, quienes hacemos, o intentamos hacer, literatura, siempre estamos, disfrazados o no, en nuestra obra.

También queremos hablar de su trayectoria. Su obra poética es extensa, pero también ha sido premiado por algunos cuentos. La traslación del mundo poético al narrativo es algo común. ¿Puede explicarnos las razones que le llevaron a usted a dar el salto?
Aquí no creo que pueda darte nada demasiado original. Creo que, como la mayoría, realicé el tránsito desde la poesía hacia el relato, como un juego necesario, en el que extendía significantes y formas en busca de decir más cosas, y de otra manera.

Ahora bien, en la novela no me atrevo a hablar de salto. Más bien, fue un deslizamiento inconsciente que entendí después. La primera frase de NUBEDIL fue: Nubedil, las flores. Una especie de llamado, que aún hoy no sé qué significa, ni de dónde vino. Pero a partir de ahí, la noche que lo escribí, sentado en la cama y casi dormido ya, siguieron seis o siete hojas de apretada caligrafía, con la forma de una prosa poética, delirante y llena de claves, que no pude abandonar hasta cuatro años después y cerca de mil hojas. Tenía que contar aquella historia, en la que aún me hallaba sumergido, y lo hice, sin preocuparme cómo saliera. Para algunos literatos amigos, que la leyeron entonces, era una maravilla. Para otros, una locura total. Puede que hubiera de las dos cosas. No lo sabré nunca. Yo todavía no estaba capacitado para entender lo que había hecho. Incluso me inclinaba a favor de la segunda opinión.

A lo que hago hoy sí que salté. Atravesé el mar, huyendo, y encontré la voz de alguien más cansado, quizás más lúcido y exigente, que me ha llevado hasta aquí. Hoy mi narrativa es reflexiva, juguetona, y a veces me desborda. Mientras los poemas aparecen, cada tanto, bajo la forma de pensamientos breves, con palabras simples, y resonancias infinitas.

Y, ¿qué características creen que son propias de su estilo literario?
El afán por entender, y hacerme entender. La desesperación por no dejar cabos sueltos engañando al lector. El humor, o en todo caso la ironía, para relativizar mi propio discurso. Mira, creo que estoy hablando más de mis intenciones. Pienso que las características distintivas las descubrirán los lectores, mucho mejor que yo. Lo cierto es que nunca he tratado –ni me ha importado- la elaboración de un estilo. Calculo que lo tendré, como lo tenemos todos. Y que será un compendio de todo lo leído, y admirado, y aprendido. Pero, ya te dije, mi única preocupación es intentar escribir lo mejor que pueda y sepa, y contar lo que quiero contar, con honestidad, para entender lo que viví, y por qué lo vivimos así.

En mi opinión, su narrativa tiene una prosa muy musical, con tendencia a la rimo y el ritmo poético. ¿Es un efecto buscado?
EL DIA DEL ESTUDIANTENo busco efectos. Me asquea la posibilidad de utilizar trucos resonantes, o de cualquier otro tipo, para atraer o atrapar al lector. Un buen lector, antes o después descubre eso, y se siente defraudado con toda razón. Mi respeto hacia el lector es paralelo al que siento hacia mi escritura. Como dice Valdano: Los goles no se buscan, se encuentran. Si uno juega, o canta, o escribe, disfrutando de esa lucha, y de las alternativas que produce, termina por encontrar el placer de hacerlo. Lo normal y automático es repetir, e intentar mejorar, esos movimientos que nos llevaron al placer. Y, por supuesto, desear que el espectador reciba y comparta aquello. Pero una cosa es que percibas la música que hay por detrás de lo que escribo (te aseguro que no habría dos que escucharan el mismo tema), y muy otra que yo marcara a propósito esa música, para especular con el efecto (y entonces sí, todos habrían escuchado lo mismo. Cosa horrible, aunque muy fácil y comercial). ¿Lo entiendes?

En el resto de lo que dices, segundo acierto. Avanza seis casillas esta vez. Por lo menos coincides con lo expresado por gente que me merece confianza intelectual y respeto. Es una pena que no hayas leído El Invitado (primer libro de la serie), porque en él habrías encontrado gran parte de la información que buscas, y el discurso del mismo autor, explicando sus temores y búsquedas. Ya en ese libro me hicieron notar lo de la musicalidad. Amigos músicos lo comparaban al tendido de búsquedas que se despliega en las improvisaciones de jazz, y los constantes retornos hacia la melodía original. Autobiográficamente, tuve un grupo de rock, en el que cantaba, y me sigue gustando toda la buena música. Escribo con determinada música, según los estados de ánimo, o el tema en el que me debato. Me imagino que es normal que eso se refleje. Estoy de acuerdo con lo del ritmo poético y musical. Debo “escuchar” con placer lo que escribo, o no puedo seguir. Para mí, todas las artes están, o deberían estar, en cada una de ellas. Negaría tan sólo lo de la rima. Como no sea en algún juego burlesco, o de parodia facilona, no la he usado nunca ni en poesía.

¿Es consciente que esa “musicalidad” puede alejar a algunos lectores de El Día del Estudiante?
No se me hubiera ocurrido nunca que el ritmo, o la musicalidad, puedan alejar a alguien de lo que sea. Y menos de la lectura. Es como si me dijeras que por tener plantas en tu casa los amigos no van a ir a visitarte. En cualquier caso, me parecería perfecto. No quiero cerca de mis textos a quienes sientan rechazo por la musicalidad. Por favor, pasa la voz: Bestias amargadas, abstenerse de leer a Jorge Lara. Gracias.

Otra característica de esta obra es la estructura en la que está presentada: voces, reloj, papel arrugado y la historia. ¿En qué momento decidió que la obra debía leerse así?
Cuando junto y mezclo el material que compondrá un libro, trato de ayudar en la identificación de la temática escalonada que lo integra. Siempre aparecen cosas nuevas, junto a los borradores ya mencionados antes. Separo lo que, más o menos cronológicamente, corresponde a lo contado, y armo el puzzle. Insisto, en El Invitado está mucho mejor, y más extensamente explicado todo esto.

Tenemos que hablar del mundo editorial. Muchos escritores suelen relacionar con una mala gestión de la editorial su falta de éxito. ¿Qué piensa de esa relación?
¿No pretenderás que ponga solito la cabeza en la guillotina, no…? No voy a mentir para quedar bien, ni hacer quedar bien a nadie. Tonterías las justas. Y tampoco voy a decir la verdad, mientras esté bajo contrato. Más alto lo puedo decir, pero más claro…

En su caso, ¿se han visto cumplidas sus expectativas como autor?
Si te refieres a las expectativas creadas, tras el contacto con las editoriales, te remito a la respuesta anterior. Por cierto, ¿cómo te trata tu Jefe? Cuéntame detalles, y pásale una copia a él.

A la hora de comprar un libro, mucha gente se deja llevar por elementos tan arbitrarios como el título o el diseño de la portada. En el momento de decidir estos elementos de la obra, ¿es de los autores que imponen su criterio o lo deja en manos de los publicistas?
Estamos hablando de mi obra. De mi esfuerzo de muchos años. Con seguridad, ningún diseñador, maquetador, ni publicista, sabe mejor que yo lo que quiero y lo que hay en ella. A la editorial se la entrego absolutamente corregida y maquetada. A menos que se me demuestre que es un error, no admito que se me toque ni una coma. Escucho sugerencias sobre el tipo de letra, o algún detalle en la portada. Pero generalmente eso es cosa mía, y prefiero no publicar a que me destrocen la obra. Insisto, respeto la profesionalidad de cada especialista, y podemos discutir detalles que mejoren lo que yo había imaginado. Si es así, sin problemas. Pero no se trata de imponer uno u otro. Se trata de maximizar objetivamente la posibilidad de llegada del producto que queremos difundir.

El remero insomneComo ha vivido muchos años en Argentina, con un papel muy activo en diversas facetas delas artes, está capacitado para comparar los ambientes culturales a cada lado del charco. ¿Podría destacar alguna coincidencia o diferencia que nos permita hacernos una idea?
Lo siento, porque voy a terminar de caerte antipático. Pero ya en El Invitado incluyo una frase que pienso responde, bastante radicalmente, a lo que preguntas: En lo que hace al ámbito en que nos movemos –lo cultural y artístico-, mientras Argentina es Tercer mundo económico, es Primer Mundo cultural. Y España todo lo contrario. O sea: Primer Mundo económico, pero Tercermundista absoluto en lo cultural. Y se sigue trabajando, con la mayor efectividad, para no perder ese galardón. Podemos ampliar esto, con los pertinentes ejemplos y demostraciones, si lo consideraras necesario.

Las redes sociales han conseguido crear vínculos entre escritores y lectores. ¿Cree que esteacercamiento es positivo? ¿Sus lectores pueden comunicarse con usted por Facebook, correo, etc.?
No conozco, ni controlo bien estos aspectos. Entiendo que es un adelanto técnico que, bien usado, puede que ayude, y estoy dispuesto a colaborar para ello. Incluso, a sugerencia de la editorial, estoy terminando de diseñar un blog personal. Creo que la forma de encontrarlo es: dondenadienada.com. Y es posible que ya esté operativo, aunque aún me falta cuadrar detalles. Mi correo ya lo tienes. Y Facebook me parece totalmente idiota y alienante.

Volvemos a hablar de su trayectoria como escritor. La calidad de su obra está avalada por premios de diversa índole, como el concedido por la Universidad Nacional (Argentina). ¿Qué significan para usted estos reconocimientos?Generalmente responden a circunstancias tan extraliterarias que no dicen gran cosa sobre los galardonados. En Córdoba se me conocía lo suficiente como para que eso influenciara a los jurados. No te engañes: Normalmente, tras la primera selección, se abren todas las plicas. Nadie quiere pillarse los dedos, o hacer el ridículo. Digamos que los premios sirven para ser mencionados en los antecedentes. Punto. O para llevarse una cantidad de dinero. Que tampoco está mal. Aunque por desgracia nunca fue mi caso. Y, por supuesto, para publicitar un lanzamiento, claro. Allí me presenté, porque todavía me hacía cierta gracia. Ya no. ¿Tu conoces alguna convocatoria, donde puedas asegurar que prima el interés literario sobre el comercial o político, y cuyo jurado garantice una mínima capacidad para dicha valoración?

¿Podría adelantar a los lectores de este blog sus planes literarios?
Muy fácil. Seguir corrigiendo y sacando libros de NUBEDIL. Y también estoy recopilando, corrigiendo, y cerrando poemarios de toda mi trayectoria.

Las editoriales no están apostando por escritores nuevos porque tienen que garantizar unos resultados económicos a final de año. Esto lleva a muchos escritores noveles a desanimarse. ¿Qué consejos les daría a esos autores?
A los que buscan el éxito, acatando modas y leyes de mercado, no les digo nada. Sería inútil. Con semejantes orejeras ya han decidido seguir tirando de la noria que, literariamente, va hacia abajo.

A los que, por encima de todo, incluso de las ventas (al fin y al cabo, lo que recibe el autor, no cubre ni lo invertido en la edición), quieren ser leídos, les diría que cuelguen, abierta y gratuitamente sus textos en internet, y se relacionen con todo foro o blog afín a lo que hacen. En el peor de los casos, se quedan igual que antes. En el mejor, tal vez suene la flauta. Veamos si es verdad que ese mundo virtual de comunicación da las posibilidades que te venden. ¿Económicamente? Que abran en paralelo su tienda virtual (pueden imprimir 50 ó 100 ejemplares de edición propia), y a quien se los pida en formato físico, se lo cobran y envían. El lector que gusta de una obra todavía quiere tenerla en papel. Es lo que hay. Y más en una cultura devastada, como la de nuestra lengua.

Para ir cerrando la entrevista, vamos a hablar de su faceta como lector. ¿Qué significa para usted la lectura? Y, ¿qué espacio ocupa en su vida?
Es uno de los más intensos placeres. En realidad, es el que más efectivamente potencia el conocimiento y la imaginación. Y del enriquecimiento de estos dos elementos depende el verdadero, y más completo, disfrute del resto de los placeres. Por eso todos los poderes lo combaten. Es peligrosísimo. Si todos aprendiéramos a pensar y disfrutar, no sería tan fácil que nos esclavizáramos solos.

No escucho radio, ni leo periódicos, ni veo la tele, hace más de 40 años. Y aunque sé lo que ya estás pensando, te aseguro que no lo descubrirías si no te lo digo. Alguien que vive, y piensa, jamás pierde contacto con la realidad. No quiero desinformarme, ni estresarme, ni estupidizarme, de acuerdo a lo que el sistema programe y emita. Utilizo todo ese tiempo y energía ahorrados, en hacer deporte, escuchar la música que realmente me gusta, leer todo lo que me recomiendan los amigos o voy sacando de las bibliotecas públicas, veo espectáculos, ciudades, museos, gente…

Es tanto lo que he aprendido y gozado leyendo, que podríamos rellenar más de una entrevista sólo hablando de eso. He discutido, reído, llorado, con todos los autores del mundo. He vivido, y sigo viviendo, miles de vidas en sus personajes. He visto todas las moléculas de este monstruo hermoso y nefasto que somos, gracias a ellos. Por favor, alguien que me detenga. Empiezo a hablar de la lectura y termino bailando por las calles.

Si tuviera que elegir el libro que más le haya marcado. ¿Cuál sería? ¿Por qué?
Sin duda: RAYUELA. Una obra monumental que no te aplasta. Que, por el contrario, te empuja a escribir. Me resulta muy difícil explicar el cúmulo de sensaciones que hizo explotar en mí. Al caer en mis manos, apenas borroneaba poesías, y bastante malas. Todo lo que había en RAYUELA me pertenecía. Yo era un integrante callado del Club de la Serpiente. Oliveira era mi amigo. Quería ayudarlo, hacerle entender algunas cosas, aprender otras, de las que evidentemente sabía mucho más que yo. Vivía dentro de ese libro, porque hablaba en un idioma tan rebelde, confuso, pedante a veces, y maravilloso en el sentimiento, como el que en mi inconsciente oía por las noches. Y más allá de lo literario, es un libro de vida que nos ha marcado a varias generaciones, escritores o no. El amor y el humor, en la voz de un hombre que nunca dejó de crecer, y nunca dejó de ser niño. De esa lucha de opuestos murió Cortázar. Su organismo no aguantó tamaña expansión de humanidad, coherencia, y creatividad. ¡Claro que me marcó! ¿Se nota…?

obras que destaca el autor

obras que destaca el autor

Y, ¿tiene algún escritor o escritores que considere “de cabecera”?
Cortázar, Mailer, Roth, Marsé, Kundera, Bukowski, Miller, Durrell, Mc Cullers, Onetti, Vargas Llosa, Faulkner, Kafka, Heller, Proust, J.A.Phillips, Vanasco, Sábato… Siempre son injustos estos listados repentinos, porque dejas cien o doscientos que no aparecen con la misma inmediatez.

Y, por último, ¿qué libro considera de lectura obligada para nuestros lectores?
LA ODISEA. La más vieja y más eterna historia de búsquedas y retornos, con el héroe más humano y contemporáneo, cuatro mil años después.

Pero quédate con dos más: GRANDES SERTONS-VEREDAS, de Guimaraes Rosa; y MAMÁ LEONE, de Miljenko Jergovic.

 

Nota: Se utiliza el término trilogía porque así se «vende» la obra en algunas web. 

                                               

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Publicado el octubre 8, 2013 en Cataluña, De Europa, Entrevistas, escritores, España, Europa, Inicio, Novedades. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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