‘La última tumba’ es la nueva propuesta literaria de Alexis Ravelo

El autor, que participó en talleres de escritura en su juventud, piensa que es la mirada del lector lo que convierte una obra en literatura

Por: Tania J. Baeza

alexis ravelo

Fuente: Alexis Ravelo

Lo primero es saber ¿qué le llevó a dedicarse a la escritura?
Durante la adolescencia, la lectura me salvaba de una realidad que me resultaba dura y, al mismo tiempo, me planteaba preguntas acerca de ella que la trascendían. A los problemas habituales a esa edad, se sumaban la precariedad económica, una situación personal inestable, la obligación de comenzar a trabajar muy pronto. Así que esa biblioteca que me fui formando (en la que estaban desde Poe, Stevenson y Rider Haggard a Kafka y Monterroso) me ayudó tanto a consolarme de ella como a comprender sus causas. Supongo que, en algún momento de esa adolescencia, quise emular a los autores que leía, plantear a otros preguntas similares a las que algunos de aquellos autores me provocaban a mí. Ya a los 19 años comencé a asistir a talleres de escritura intensivos, con autores como Mario Merlino, Alfredo Bryce Echenique o el propio Augusto Monterroso. Uno de ellos (Merlino), fue quien, de alguna manera, me hizo ver que valía la pena que me dedicara a escribir, que no se me daba mal del todo.

Y, ¿recuerda el momento en que decidió que estaba preparado para que sus obras fueran leídas por desconocidos?
Pasó mucho tiempo entre esos talleres y mi primera publicación. Unos diez años. En medio, fui publicando pequeños textos en revistas literarias. En 2000 publiqué un libro de cuentos, Segundas personas. Gustó, pero yo no me quedé satisfecho, y pasé otros seis años aprendiendo hasta que mi escritura se refinó un poco más. Aún así, experimento dudas terribles con cada trabajo antes de darlo a la publicación y cambiaría muchísimas cosas de cada uno de los libros que he publicado. Siempre siento que sigo sin estar preparado. Pero hay que elegir un punto de equilibrio entre autocrítica y autoestima y llega un momento en que, como decía Borges, hay que publicar los textos para dejar de corregirlos.

Viendo  la biografía que ofrece en su blog, nos damos cuenta que su obra es extensa y variada. Pero usted se describe como ‘escritorucho’. ¿Qué le falta o qué le sobra para ser escritor a secas?
Escritorzuelo. Y, probablemente, lo que me falte sea tiempo y distancia. Eso es una broma que me gasto a mí mismo y a otros, y que tiene que ver con algo más serio: yo considero que un narrador es más un artesano que un artista, y que es el tiempo y la distancia lo que convertirá sus trabajos en arte, si es que están llamados a serlo. La escritura de un texto es solo una parte de la literatura. Yo, como muchos hermenéuticos, pienso que solo la mirada activa del lector lo convierte en literatura. Mi manera de tomarme en serio mi oficio es no tomarme demasiado en serio a mí mismo como autor, intentar ser humilde y no soberbio con respecto a mis obras, reírme continuamente de mí mismo, criticarme mucho, “darme caña”, por emplear un coloquialismo. Porque es el lector (presente y, sobre todo, futuro) el que decidirá si mis textos son o no literatura.

Podemos dividir su obra más literaria en narrativa, donde incluimos los cuentos infantiles, teatro y novela. ¿El proceso creativo es el mismo afronte el formato que afronte?
No, por supuesto. Los cuentos literarios surgen como un fogonazo, y suelo escribirlos de un tirón, aunque luego los trabajo durante bastante tiempo, borrador sobre borrador. Una novela, para mí, requiere de cierta planificación: cierro el argumento, diseño personajes, hago pruebas de estilo para averiguar cómo deben estar contadas y luego, durante el proceso de escritura, tengo largas paradas en las que me planteo diferentes formas de composición. Escribo entre cuatro y ocho versiones, por lo general, de cada novela, hasta dar con una más o menos presentable. Con los libros infantiles el proceso es similar, con el añadido de que experimento muchos reparos con cada palabra, con cada línea, porque ese tópico de que se trata del público más exigente resulta radicalmente cierto. Aparte de eso, me preocupa la educación en valores, pero debes siempre vigilarte para que la doctrina y el didactismo no ocupen el espacio que debe ocupar la amenidad, que es la primera exigencia de toda ficción. En género más exigente, en cuanto a preparación previa, es el teatro: no comienzo a escribir el texto hasta que no está pensado cada uno de los detalles, incluido el tiempo que ha de durar cada escena. Ahora mismo llevo un año trabajando una obra a cuatro manos con otro autor; ha habido muchas reuniones y muchísimo trabajo, pero todavía no tenemos ni una línea del diálogo que han de decir los actores.

portada-la-c3baltima-tumbaSi leyéramos toda su obra, ¿encontraríamos elementos comunes o hilos conductores “secretos” que unan todas las historias?
Toda mi obra está dominada por una serie de temas que aparecen, creo, en casi todos mis libros: la diferencia entre realidad y apariencia, la injusticia, la violencia entendida como el Mal absoluto, la presencia de la muerte, la esperanza, la fe. Esos temas aparecen en todas mis novelas y libros de relatos, y se despliegan en diferentes esferas, dependiendo del tipo de texto: la psicológica, la social, la ontológica, la política. Luego hay pequeñas obsesiones, pequeños guiños metaliterarios que aparecen aquí y allá y unen, al azar, unas obras con otras. Por ejemplo, hay ciudades de un mapa imaginario en novelas infantiles (Las fauces de Amial) que aparecen mencionadas, también, en novelas para adultos (La noche de piedra).

Su trabajo también incluye algunos guiones para la televisión y la radio. ¿Es la forma más ‘literaria’ de ganarse la vida para alguien que quiere vivir de la escritura?
Indudablemente, en la época en que te contratan como guionista de plantilla para televisión, vives bastante mejor, porque tienes un sueldo fijo durante un tiempo. En general, la mayor parte de mis ingresos proviene de charlas, conferencias, encargos teatrales o musicales o impartición de talleres. Resultaría imposible vivir solo de las regalías, de los derechos de autor, sobre todo en esta época en que, en cuanto acabas de sacar un libro, alguien lo escanea y lo cuelga en una página de descarga “gratuita”, que, por cierto, ingresa grandes cantidades en publicidad de las cuales ni el autor ni el editor verán jamás un céntimo.

Nos centramos en la actualidad. Acaba de llegar a las librerías La última tumba, su nueva novela. ¿Cómo afronta este lanzamiento? ¿Ha superado los nervios de la primera vez?
Afrontas cada lanzamiento con cada vez más experiencia. Pero el miedo a cómo sea la acogida del texto, siempre persiste. Los lectores no adquieren un curriculum, sino un libro. Da igual tu prestigio o tu obra pasada. El libro gusta o no gusta. Interesa o no. Y tú ya no puedes hacer absolutamente nada. Lo que tenías que decir ya lo has dicho, y los prólogos, los comentarios o las entrevistas no podrán hacer que sea mejor o peor. Además, el contenido de este libro es duro, no hace concesiones. Está contado en primera persona por un absoluto canalla que, no obstante, es inocente y se mueve entre personas de apariencia más respetable, pero no son menos canallas que él. Así que siento mucha curiosidad (y mucha inquietud) por su recepción entre los lectores. En estos años me he hecho con un buen número de seguidores a quienes siento que debo ofrecer en cada libro algo nuevo y mejor y siempre experimento un miedo pánico a decepcionarlos.

20130123_1000_cultura_certamen_literario_icono1-200x200Sin embargo, la novela fue galardona en el XVII Certamen de Novela Negra Ciudad de Getafe. ¿Qué sintió al conocer que era el ganador?
Una sorpresa infinita. Es un premio de prestigio y tenía tan pocas esperanzas de ganar que incluso había olvidado que el libro concursaba. Lo envié, en su momento, simplemente por no quedarme sin decirme a mí mismo que no lo había intentado. De hecho, me presento a pocos concursos y es la primera vez (salvo algún segundo premio o una mención del jurado) que un texto mío resulta ganador. Así que todavía no acabo de acostumbrarme. Es como si le estuviera ocurriendo a otro. Y, al mismo tiempo, hay un geniecillo diciéndome al oído que no me dé ínfulas, que ha sido suerte, que tengo que seguir trabajando para mejorar. Y ese geniecillo, probablemente, tenga razón.

Para quienes no conozcan La última tumba, ¿qué puede decir para animar a los lectores a sumergirse en sus páginas?
La novela trata sobre un yonqui ladrón y chapero que parece haberse rehabilitado tras veinte años en prisión por un crimen que no cometió. Pero en secreto trama una venganza contra quienes le llevaron allí. Lo que ocurre es que, para poder vengarse, primero tiene que averiguar quién estuvo metido en el crimen del que le acusaron. Así que, por un lado, es una novela de investigación y, por otro, una violenta crook story. Se trata de una vuelta de tuerca y, al mismo tiempo, un giro en mi bibliografía. El protagonista es un tipo infame que ha pasado veinte años en el mismísimo infierno y aún no ha salido de él, porque lo lleva consigo. Y es capaz de las acciones más inicuas, más crueles, porque no tiene nada que perder. Para su escritura, me inspiraron mucho internos que conocí hace unos años, cuando impartía talleres en un centro penitenciario. Y también personas que frecuenté en mi infancia, en el barrio de Escaleritas de Las Palmas de Gran Canaria. Además, me inspiré en un lejano suceso real. En cuanto a sus influencias (siempre las reconozco, porque hay que dar a Dios lo que es de Dios), además de El Conde de Montecristo (que relee desde el reverso tenebroso), hay en La última tumba reminiscencias de textos clásicos del género (Donald E. Westlake, Jim Thompson, Jean–Patrick Manchette, Patricia Highsmith o MacCoy) y de otros más “cultos”, como Onetti o Shakespeare. Y, además, pretendo hacer un homenaje a tres autores a quienes admiro, respeto y, en el plano personal, aprecio mucho: Andreu Martín, Raúl Argemí y Juan Madrid. A ellos, de hecho, está dedicada la novela.

Uno de los problemas más vistos en el mundo editorial actual son los relacionados con la distribución. ¿Sabe dónde podremos encontrar su nueva novela?
En teoría, en todos lados. No todos los comercios tienen un almacén enorme y no todas las editoriales pueden permitirse tirar decenas de miles de ejemplares de un libro sin saber cómo va a funcionar. Creo que los lectores debemos contribuir a la existencia de las editoriales y de las librerías tradicionales, sobre todo las independientes. Una forma de hacerlo es dirigirte a tu librería habitual y, si no tienen el ejemplar en ese momento, solicitarle que lo pida y aguardar unos días. Esa forma de actuar podría ayudar, sobre todo en estos tiempos, a la supervivencia de las editoriales y librerías independientes, lo cual sería bueno para todos, en mi opinión.

Hablando ahora en general, por lo que pueda conocer a través de su relación con otros escritores canarios, ¿los problemas de distribución se incrementan para los escritores isleños?
Sin duda. Un ejemplo: yo había publicado ya seis novelas antes de comenzar a publicar en la Península. Pero a mi editor le resultaba muy difícil mover mis libros fuera de Canarias. Hay cosas como portes, almacenajes, etc., que los consumidores desconocemos o no tenemos en cuenta y que pueden acabar (y lo han hecho) con las editoriales. En Canarias hay estupendos escritores que no son conocidos más allá del Archipiélago porque, por un lado, hay grandes problemas de distribución y, por otro, a las editoriales les resulta muy costoso moverlos por el país en una gira promocional.

La novela negra estaba estancada hasta el boom nórdico que supuso Millenium, de Stieg Larsson. ¿Cómo vivió aquel momento?

Lisbeth Salander, en una de las adaptaciones cinematográficas

Lisbeth Salander, en una de las adaptaciones cinematográficas

Con franca indiferencia, la verdad. Aquí hablamos solo de estancamiento comercial. Y tampoco, porque el género no se vendía mal. Millenium es un fenómeno solamente en número de ventas. Y cuando hablamos de productos culturales no hay que confundir nunca precio con valor. Larsson, que tiene sus méritos (se lee bien, interesa y creó el magnético personaje de Lisbeth Sallander), no aporta nada nuevo al género (sus técnicas son bastante tradicionales, su forma de composición es la de la novela crónica del XIX). Cuando Larsson apareció, se incorporó a un panorama en el que había muchos autores exitosos y de calidad, la mayoría mucho mejores que él, en mi humilde opinión de lector. Incluso, de su país, llevaban años llegándonos las novelas de Mankell, por ejemplo. Y después de Millenium, el panorama editorial se inundó de nórdicos y nórdicas a los que se les aplicó de modo muy generoso la etiqueta negra. Pocos de ellos se salvan como autores y su ínfima calidad literaria, contrastada con la mercadotecnia que les rodea, me resulta sonrojante, salvo raras y honrosas excepciones. La novela negra (junto con la histórica y la romántica) ya era uno de los géneros más vendidos antes de Larsson y lo va a seguir siendo, no solo porque siempre ha tenido su público y siempre lo tendrá, sino porque sus temas, esquemas argumentales y tendencias interesan en momentos de crisis y cambio como el que vivimos.

Como autor de novela negra queremos conocer su opinión sobre ésta. ¿Cómo es el nivel del género en España? ¿Sería posible un boom tipo Millenium español?
En España vivimos una situación de privilegio en cuanto a calidad del género. Los autores pioneros durante la Transición continúan dando a la luz textos de calidad. Y a los que surgieron entre los noventa y la primera década del siglo, hay que sumar los más jóvenes. Además, el género ya no es solo cosa de Madrid o Barcelona: Extremadura, País Vasco, Galicia o Canarias cuentan con muchos y muy interesantes autores. En cuanto a tendencias, están absolutamente todas las orientaciones y variantes del género, se hace hard boiled, crook story, psichothriller, policial clásico, noir distópico, neo–pólar… De todas estas variedades, hay ejemplos notables y todas ellas (tanto en grandes editoriales como en editoriales independientes), venden bien. Otra cosa es que uno quiera hacerse millonario, como los herederos de Larsson. Pero, personalmente, me conformo con tener un público que me permita seguir haciendo lo que hago y, creo, estos escritores que hay en España, querrán lo mismo. Porque uno no se mete en este oficio para hacerse rico, sino para que le paguen por hacer lo que le gusta. Los que buscan fama y dinero son flor de un día.

Y, de repente, la moda de la novela negra se acaba y los lectores se pasan a la novela erótica. ¿En qué género cree que surgirá el próximo tsunami literario?
Si tuviera la respuesta a eso, los editores me pagarían millones por ella para poder adelantarse a la jugada.

Queremos tocar tantos temas como nos sean posibles en esta entrevista. También de su presencia en las redes sociales. Usted tiene blog y perfiles en Facebook y Twitter. ¿Se comunica con sus lectores o se limita a retwittear halagos y noticias promocionales  como otros escritores?
Hay algo que me preocupa mucho, porque vivo en una región que tiene problemas con eso: la animación y la dinamización lectora. Muchas de las entradas de mi blog y mis colaboraciones radiofónicas giran en torno a ese asunto. Las redes sociales son un lugar ideal para difundirlas, igual que mi blog personal; son una forma de comunicarme de forma inmediata con los lectores y poder tener, además, su feedback. Me sirven además como herramienta promocional, y cuelgo en ellas artículos míos o de otras personas que, creo, pueden resultar interesantes. Y para difundir la convocatoria de actos (míos o de otros) también son muy útiles. Me gusta, eso sí, poder responder a los elogios o las críticas, pero uno no puede pasarse la vida en una red social dando la lata y diciendo: “mira qué cosa tan bonita han dicho sobre mí”. No hay nada tan irritante como esa gente que te menciona constantemente en sus tuits y sus muros para insertar el enlace de su propio libro en Amazon. Con una vez basta.

Hemos dicho que además de escribir libros y que dedica tiempo a la televisión y la radio. Aún así, le queda tiempo para impartir talleres literarios. ¿Qué nos puede decir del perfil de las personas que se interesan por este tipo de talleres?
Tenemos de todo, pero, en general, se trata de personas que desean adquirir destrezas para ejercer mejor el oficio. Encuentro mucho talento. Y suelo tener suerte, porque me encuentro personas muy singulares, que conforman grupos muy variados y que entablan relaciones muy generosas que suelen acabar en amistad. Por poner ejemplos, tengo grupos en el que el arco de edad varía entre los 15 y los 76 años. Personas con intereses e inquietudes muy diferentes unidas por su afición a la literatura y sus ganas de aprender.

Y una actividad como esa, que implica un contacto directo con muchos lectores, ¿le aporta algo a usted como escritor?
Muchísimo. Para empezar, cada sesión (y ahora mismo tengo cinco cada semana, porque trabajo con varios grupos) supone una reflexión sobre mi propio oficio, sobre el lenguaje y sobre aspectos muy determinados del género. Pero la cosa no se queda ahí, porque aprendo muchísimo de los talleristas, de su generosidad y su amabilidad para aceptar las críticas ajenas cuando someten sus textos al escrutinio del grupo, algo que muchos escritores “profesionales” no aceptarían de ningún modo.

En alguno de esos talleres se habrá encontrado con gente con ganas de convertirse en escritor de éxito.  ¿Qué consejos le da esas personas?
Paciencia y lectura. Aquel que desea escribir solo por el éxito no suele llegar muy lejos. Primero hay que aprender el oficio. Después, esperar a tener suerte. Esas cosas no se logran en un día. Es más: si se logran en un día, el resultado no suele ser duradero.

Volvemos a centrarnos en usted. ¿Qué planes literarios tiene para los próximos meses: encuentros con sus lectores, presentaciones, nuevas novelas…?
Siempre hay varios proyectos abiertos y los lanzamientos de unos se solapan con la escritura de otros. Ahora mismo estoy centrado en la promoción de La última tumba, pero al mismo tiempo hay muchos proyectos en marcha: un espectáculo dramático–musical en colaboración con otro autor, el guion de un documental, una novela histórica, también a cuatro manos, y la escritura de una novela que está prevista para el año que viene con Alrevés, que publicó mi anterior libro, La estrategia del pequinés y con la que he adquirido un compromiso por dos novelas más (cosa que me hace muy feliz, porque hay muy buena sintonía con el equipo humano de esa editorial). Además (y de esto me he enterado hace poco), en 2014 se estrena Clara y las sombras, una ópera de Juan Manuel Marrero cuyo libreto escribí hace unos años. Así pues, proyectos hay muchos.

diccionario

Recomendación del autor

Hemos reservado la parte final de la entrevista para hablar de sus gustos literarios. ¿Qué autores se encuentran entre sus favoritos?
Leo absolutamente de todo. También releo muchísimo. Borges, Cortázar, Arreola, Monterroso, Susan Sontag, Neruda, Boris Vian, Raymond Queneau, Thompson, McCarthy, Caldwell, Faulkner, Woolf, Orwell, H. G. Wells, Yourcenar, Hugo, Pérez Galdós, el Poema de Gilgamesh, Camus, Kawabata… No se puede resumir una vida de lector (y yo soy lector, más que escritor) en un par de nombres.

¿Recuerda alguna lectura que le marcara especialmente?
También muchas. Pero hubo un libro de Augusto Monterroso, titulado Movimiento perpetuo, que me cayó en las manos a los catorce o quince años y fue la llave para entrar al mundo de muchos de los autores que me han marcado. Ahí se mencionaba a Joyce, a Borges, a Arreola, a Kafka. Ellos me llevaron luego a muchos otros.

Y, ya para acabar, ¿qué libro recomienda a los seguidores de este blog?
Podrían ser muchos. Pero voy a intentar ser original: Diccionario jázaro, de Milorac Pavić, en cualquiera de sus dos ejemplares, masculino o femenino.

Publicado el octubre 17, 2013 en Entrevistas, escritores, España, Europa, Inicio, Novedades. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Alexis Ravelo, no te conocia, pero me he leido tu libro “La última tumba” en dos días. Me ha encantado. Es impresionante, directo, sin concesiones ni remilgos. Te has ganado una lectora y una fan. Te seguiré de cerca. Muchas gracias por hacerme pasar tan buen rato. Me encariñé de Adrian….

  2. Maravillosa entrevista!!! Se nota que Alexis Ravelo es un auténtico profesional de la literatura, toca todos los palos: novela negra, histórica, infantil, teatro, …. Intentaré conseguir “La última tumba” para hacerme una opinión del autor, que hasta ahora no conocía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: