Reseña: “Mariposas y Fantasmas”, de Marta de Arévalo

La poesía de la escritora uruguaya Marta de Arévalo

Por: Marisa Avogadro Thomé

Portada del poemario

Portada del poemario

Con la sutileza del revoloteo del ala de una mariposa, las palabras de Marta de Arévalo, escritora uruguaya, autora de más de 23 libros de poesías, nos llevan a conocer una casa, sus habitantes y sus momentos de luces y sombras.

Desde el inicio, como una puerta de entrada a la vida misma, la autora nos dice: Hubo en la casa una cuna / y en la cuna una mujer / sobre el rugido del mundo / levantaba alta la fe. Palabras que irán definiendo, a través de una treintena de poemas, los haceres de una mujer  a través del tiempo, de la luz, donde todavía ni se perfilan los fantasmas: Era un sueño y/sobre ella / el cielo tendería sus navíos / como salmos o banderas (pág.7). Sólo se está imaginando esa vivienda que albergará: alegrías, tristezas, momentos compartidos entre sus habitantes.

Con una prosa cuidada, intimista, profunda, Mariposas y Fantasmas abre las puertas de las habitaciones del alma y del cuerpo, la de las vivencias cotidianas: Airosa y blanca / en un círculo de ensueño / nuestra/ y carismática (pág.15).

La magia y la creatividad de la autora nos permite desde las palabras, ir imaginando una casa que toma entidad propia, que emerge de los sueños, esperanzas y temores de sus habitantes y donde página tras página, se establecen los paralelismos entre la mujer que habita y la misma casa: Refugio – entraña donde habito / para ser yo misma y no desconocida. / Tanto he forjado en sus rincones (pag.-17).

Y luego, aparecen los capítulos de los  Habitantes, los hijos, donde el lenguaje siempre claro, los adjetivos sutiles y la experticia de esta escritora uruguaya, crean una atmósfera de encantamiento y ternura para referirse a ellos. Se conjugan las metáforas, las  comparaciones y la mitología. Con profundidad, se sumerge en el mundo interior, bucea los recónditos espacios que pueden ser visitados tanto por mariposas como por fantasmas. En un juego de presencias y ausencias; de luces y sombras, los opuestos conviven, como en la vida diaria.

Retornamos luego a la Casa II, donde sigilosamente, como si hubieran sigo testigos silenciosos esperando el momento para aparecer, los espectros se van haciendo sentir; hasta llegar a instalarse en su vida: Se alejaron mariposas amarillas / aleteando pavoridas en bandadas / en un aire oscurecido de silencios / entre amargos / insensatos desencuentros (pág. 35)

Posteriormente, en Habitantes II, se da el recuerdo y la partida de la abuela y un tejido de vivencias en torno a esa figura y las remembranzas.

Para concluir, como lo hace el  libro, encontramos su poesía: La casa, que resume la obra: en esa vivienda habitan mariposas, momentos transparentes, alegres y también están presentes los fantasmas de las situaciones vividas, las decisiones tomadas, que conviven en el día a día, siendo la compañía de su habitante, una mujer, que convive con sus Mariposas y Fantasmas.

La casa

Aún llegan mariposas

Oscuras y diáfanas

Y moran los espectros

en bandadas.

Igual a sí misma

blanca y carismática

trastornando un tiempo

que nunca pasa

con la antigua memoria de los días

-donde una mujer sueña

Desfallece y canta –

cautiva de sus sombras y sus luces

en soledad hospitalaria

la casa aguarda.

Se puede conocer más de la obra de Marta de Arévalo en http://www.elblogdemartadearevalo.blogspot.com.ar/
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Publicado el marzo 7, 2014 en Inicio, Marisa Avogadro, Reseñas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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