Reseña: “El idioma de los pájaros”, de Maximiliano Martín González

Maximiliano Martín incursiona sutilmente en la narrativa de terror

Por: Marisa Avogadro Thomé. Periodista – Escritora

El idioma de los pájaros portadaEl idioma de los pájaros, de Maximiliano Martin González, joven escritor de la provincia de San Juan, Argentina, nos acerca ocho cuentos de diversos temas y el cuento final del mismo, es el que le da el título al trabajo.

Desde la portada, el juego de claroscuros nos va anticipando lo que será una característica de estas historias: la combinación de los opuestos en convivencia: el ser y no ser; la realidad y la ficción. A lo que se le suma, el uso de las descripciones, sobre todo de ambientes y personajes, escritos de manera pormenorizada, situando al lector en un espacio/tiempo diferente, ej: en “La mujer del río”: “Las nubes comenzaron a amontonarse en el cielo, cubriendo las estrellas e incluso la luna. Una fina precipitación comenzó a caer mientras cientos de peces emergían del fondo del río y levitaban alrededor de la mujer”, pág. 22.

En todas estas historias, la frase que les da el título, está al final del cuento, siguiendo con la propuesta de polaridades; por ej: en el primer cuento, El barco, al final se lee: “A la mañana siguiente, una pequeña esfera con un hermoso paisaje me confirmaba que todo lo que había pasado era verdad, que no había sido un sueño. El viaje concluyó y los primeros navegantes comenzaban  a abandonar la embarcación sin prisa. Nunca una llegada a un puerto había sido tan feliz como aquella”, pág. 13.  En este y otros cuentos, el lenguaje referido al mar es recurrente, aunque no se describan paisajes marinos.

En La habitación mercurial, podemos ver reflejado el juego de antítesis: “El tiempo y el espacio se habían deformado: aquel tiempo que alguna vez me pareció lento hoy corría a una velocidad en la que los años duraban minutos; aquel espacio reducido de pronto se había convertido en un inmenso jardín cerrado”, pág. 29.

En “Onírico”, como en los otros, se mantiene relatando la aflicción personal: “Una fotografía en mi bolsillo me demuestra que en verdad has existido. Una fotografía en tu cartera te demuestra que yo existí. Nos devolvemos, nos miramos, nos sonreímos y luego, por la noche, volvemos a soñarnos. Somos el sueño que soñamos, aunque nunca seamos nada”, pág. 40.

Maximiliano Martín incursiona en la narrativa de terror, y aunque estos cuentos no son plenamente del género, en ellos se traslucen atmósferas personales y ambientales complejas, apesadumbradas por momentos. Personajes atribulados por la vida cotidiana, donde el trasfondo psicológico destaca y sin llegar al relato de miedo, deja espacio a lo inusual.

Una vida cotidiana que en movimiento pendular va de las certezas a las incertidumbres; que mezcla la realidad con situaciones irreales; que mantiene la tensión que tienen los propios personajes, en sus vidas oscurecidas por dicha realidad, como la sombra del pájaro de la portada.

El trabajo del autor puede conocerse en  http://maximartingonzalez.blogspot.com
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Publicado el mayo 12, 2014 en Inicio, Marisa Avogadro, Reseñas. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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