Reseña: “La cueva de la Azanca”, de Francisco Gil Craviotto

En La cueva de la Azanca se tocan diversos géneros narrativos sobre los que predominan el humor y la crítica social

Por: Alberto Berenguer     Twitter: @tukoberenguer

Portada de la novela

Portada de la novela

Ediciones Dauro me está permitiendo descubrir historias fascinantes, adictivas y de gran calidad literaria. Este es el caso de la última novela de Francisco Gil Craviotto, un autor más que consagrado con una veintena de libros en su haber y numerosas colaboraciones en antologías.

La cueva de la Azanca es una novela repleta de matices, de comentarios explícitos y críticas encubiertas con gran dosis de ironía y humor. Esto, junto a la frescura y agilidad de su pluma, destacan como características narrativas principales del escritor. Comenzaré poco a poco a desgranar todos estos aspectos.

En las primeras páginas del libro, el autor avisa al lector, ¿irónicamente?, que ninguno de los personajes es el portavoz de su pensamiento. La cuestión es que a través de los personajes se tratan temas incandescentes de nuestra sociedad actual como puede ser la corrupción, los privilegios socioeconómicos de la clase alta, las instituciones eclesiásticas, la privatización de la sanidad, las sombras de nuestro código penal, la prostitución ilegal, actividades como la caza o el toreo o la hipocresía ciudadana, pero también conocer o revivir las consecuencias de cuarenta años de nacionalismo con la Guerra Civil y el Franquismo. Si algo llama la atención es el gran manejo del escritor para introducir y ligar todos estos temas con la historia novelada principal de una manera majestuosa.

Constancio Lizán, protagonista de la novela, es un treintañero que decide vivir oculto en una cueva conocida a través de su abuelo. Así se oculta de su cruda realidad y consigue subsistir con los recursos proporcionados por la madre Naturaleza. También convivirá con un perro abandonado llamado Vagabundo, que encuentra cerca de unos residuos urbanos mientras ambos buscaban comida. De esta manera, acerca varios aspectos al lector: el esplendor de la Naturaleza, el amor por los animales, la sensibilización ambiental y crítica al abandono animal frecuente en nuestro país.

A través de Constancio se narran varias historias paralelas muy bien ligadas entre sí. Una de ellas es la que acontece en el presente, explicada anteriormente, narrando en primera persona sus vivencias en la cueva y fuera de ella, porque la ausencia de mujeres le obligará a visitar la ciudad y a las meretrices. A partir de sus visitas asiduas al prostíbulo, Constancio y todos los lectores conocerán la vida de Carmen, Marga para los clientes, siendo una de las subtramas de la novela. Pero también el lector se embelesará e intrigará con las vidas de Mercedes y Sofía, mujeres que fascinarán con la extravagante vida del protagonista.

El escritor consigue que dejemos momentáneamente la parte viciosa, más salvaje y líos de faldas del protagonista para empatizar sentimentalmente con Constancio Lizán, y lo hace transportándonos hasta su infancia estableciendo una nueva trama que enriquece su historia. Conoceremos toda su columna vertebral familiar y los acontecimientos trágicos acontecidos durante su infancia.

Por último, el protagonista narra no solo su vida en el presente y en el pasado, sino la de varios de los personajes. Pues conoceremos desde los ojos de un niño de diez años llamado Emilio Garcés, la España más negra con la Guerra Civil y el Franquismo a través de un cuaderno inacabado encontrado por Constancio. Es uno de los relatos que más me han impactado por la crueldad de los hechos y está narrado entre el 21 de junio de 1936 al 22 de octubre del mismo año. Pero, más adentrada la lectura, el escritor nos regalará nuevamente la presencia del personaje Emilio Garcés como anciano y personaje sólido. En ese instante, aumentará la crítica a las instituciones eclesiásticas y a las creencias religiosas.

A lo largo de las trescientas setenta y cinco páginas encontrará el lector diversos géneros narrativos como la novela negra, erótica e incluso diario infantil, sobre los que predominan el humor y la crítica social, tal es así que en varias ocasiones no he reprimido mi risa y mi asombro.

La cueva de la Azanca es una novela muy entretenida, divertida, fácil de leer y rápida, que evitas a toda costa ralentizar la lectura, por decisión propia, para no acabar el libro. Un libro que destaca por la frescura de la historia, la particular forma de narrar tan directa del escritor, los buenos ensamblajes entre subtramas y los diálogos tan bien trabajados. Una lectura muy recomendada tanto para jóvenes como para adultos.

 

Me gustaría acabar la reseña con una mención que plasma el autor en la primera página de la novela:

A mi nieto Diego, a mi nieta Irene,

para que, cuando sean adultos y yo no esté,

a través de esta novela, recuerden al abuelo.

Estoy seguro que sus nietos le recordarán de la mejor manera, con orgullo y satisfacción.

Pd: Yo también vivo en una cueva como Constancio Lizán, pero en este caso en una cercana a la mar.

Playa Cala Cerrada de Orihuela Costa

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Publicado el julio 12, 2014 en Inicio, Reseñas, Reseñas DLO y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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