Reseña: ‘August. Pecado mortal’, de David J. Skinner

Un relato corto, potente y agónico, con la silla eléctrica como protagonista en la Norteamérica de mediados del siglo XX

Por: Alberto Berenguer     Twitter: @tukoberenguer

Portada de la novela

Portada de la novela

Hace un año entrevistamos al escritor David J. Skinner para conocer el origen y la evolución de sus primeros libros. En esta entrevista para De lectura Obligada, el escritor mostraba claramente su línea de trabajo «me decanto por el thriller y la novela policíaca porque en estas temáticas es donde puedo dar lo mejor de mí, y sacar provecho de todo lo que he aprendido leyendo a autores muy buenos, como Douglas Preston y Lincoln Child»; tal es así que sigue siendo fiel al entorno de la novela negra con August. Pecado mortal.

Desde este blog, estamos siguiendo la trayectoria de David J. Skinner, prácticamente desde su inicio, y personalmente pienso que su evolución y madurez en la novela negra está siendo excelente. Leí y recomendé Los crímenes del ajedrez, una novela policíaca entretenida que suele ser leía del tirón e ideal para acompañar al lector en un trayecto de ida-vuelta a su puesto de trabajo, pero claramente ha sido superada por su descendiente August. Pecado mortal. Una novela que logra no bajar la intensidad de la trama ni la atención del lector a lo largo de las ciento doce páginas. No es para menos que consiguiese ser Finalista del III Premio Oscar Wilde de Novela.

Silla eléctrica

Silla eléctrica

August, protagonista de la novela, narra en primera persona la carencia de amor en su infancia, sus huidas sentimentales gracias a la postadolescencia y la imperfección e inseguridad humana manifestada de la forma más cruel y salvaje como es el asesinato, que le conducirá directamente al corredor de la muerte, sin miramientos ni marcha atrás. Hank, guardia de la celda de August, y el propio lector serán confidentes de forma simultánea, en pequeñas y agónicas dosis, de las vivencias y sentimientos del protagonista que irá compartiendo para no llevarse la verdad a la tumba. Él en todo momento se siente culpable, sin justificaciones y merecedor de ese castigo, aunque sea inocente del crimen impuesto y no de otros. Quizá, este sea uno de los puntos más destacables de la novela, porque el escritor en ningún momento pone en voz de los protagonistas su opinión sobre la pena de muerte instaurada en EEUU, ni incita al debate. De esa manera, refleja de la forma más objetiva el enclave histórico en la Norteamérica de mediados del siglo XX, la ética y moralidad de los ciudadanos de la época y el autoconvencimiento del sistema penitenciario implantado en un periodo que les ha tocado vivir. Sin duda, el lector empatizará con el destino de August y el alentador Hank.

También, conoceremos a otros personajes trascendentes en la vida de August, como puede ser su madre Mary Ann, el viejo Tom, el policía Sturbon, el señor Howard o la pincelada afectuosa de la mano de Clara y Jennifer.

Una novela que consiguió superar mis expectativas y cambiar mis ideas previas. Una historia completa y bien narrada que engancha a personas poco afines a la lectura como pueda ser mi hermana. Un libro que leí en una tarde ante la necesidad de averiguar el final. Un relato que te deja con ganas de más. Por todo ello, felicitar al autor por su mejor historia y su madurez narrativa, interesarse nuevamente por el blog y agradecer a M.A.R. Editor por el ejemplar. Espero dejarme sorprender con una nueva historia de David J. Skinner.

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Publicado el agosto 5, 2014 en Inicio, Reseñas, Reseñas DLO y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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