Poemario: ‘Cine Mudo’, de José Antonio Fernández Sánchez

Por: Manuel García
cine_mudo_buenaHe leído el poemario de José Antonio Fernández Sánchez, Cine Mudo, V.O. Subtitulada, y sería muy fácil reseñar este título bajo la temática de una filia al cine que el poeta revela en sus diferentes textos. Sin embargo, es lo invisible, una semántica implícita, lo que prevalece en estos poemas de Fernández Sánchez, pues el cine y su juego interactivo con el espectador no son más que un pretexto y un pre-texto para elaborar una sutil reflexión sobre el arte de la composición.

  Por esta razón, el autor es consciente del uso de la poesía como un efecto de refracción donde lo interesante es el proceso de indagación, no lo que se descubre en la propia mismidad de las palabras. Esta obra, publicada en Ediciones La Baragaña, trabaja desde un barroquismo diferentes aspectos de nuestra relación con el arte y consecuentemente con ese mundo de incertidumbre que manifiesta la propia realidad como epifanía de un texto aún por descifrar.

  El diálogo de contrastes entre la oscuridad y el alumbramiento, las lentes y lo oculto, la negritud tras cerrar los párpados y la ceguera blanca que es, en tantas ocasiones, nuestra relación con la realidad, que muda constantemente sin que nos demos cuenta, obligan al autor a un tono nostálgico dentro de esa intención de basar en la metáfora su apego al mundo. Como el espectador de una película que sucede ante nosotros, confiando en su desenlace previsto: “¿Cómo poner el tiempo en un lugar?/ Es más fácil quitar el tiempo./ La escena así irradia frío./ Y el frío es útil cuando hay dolor”. (pág. 29).
  Detrás de ese juego de pantallas y figuraciones, hay sentencias de una profundidad filosófica que asociamos al existencialismo, un afán de redimirse a través de la propia palabra como constructo del sentimiento y de la interacción entre los sujetos para saber más del otro y de nosotros mismos, aunque tal cosa parezca una utopía. Sus poemas en prosa profundizan en este último aspecto temático: “La mujer, cegada un instante, busca al niño, que ya no está en esta escena. El viento sigue moviendo las sábanas, y el fotograma del resumen queda flotando en el gel de la retina. A lo lejos una voz empieza a emitir el residuo de un sonido, como el grito escaso de una película muda”. (pág. 42).
  Esa asociación entre barroquismo y reflexión sobre la existencia se ampara en una excusa tan seductora como mordaz, el cine como género que traslada nuestras vivencias a una figuración donde todo es asumible, donde todo es controlable, a diferencia de la existencia misma y de los veneros inescrutables de la creación poética.
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Publicado el junio 13, 2015 en Inicio, Manuel García, poesía, Reseñas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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