La Isla de Siltolá publica Los antiguos domicilios, un diario de Concha García

ladPor Manuel García.

Lo que hace que la poesía de Concha García sea una de las escrituras más significativas de estos últimos tiempos es esa capacidad de sintetizar la transcendencia de un pensamiento en lo cotidiano, en las rutinas que nos mueven o nos inmovilizan,según se mire.

Escribe la autora en este diario de Los antiguos domicilios: “El pensamiento construye formas esta tarde de ocho de agosto. Percibo constantemente el verde en sus formas, el azul en su extensión, el gris en su talle. Roca, hierba, cielo, tierra, florecillas allá en el huerto; animales como la vaca, el perro, varias clases de pájaros y hormigas, muchas hormigas. Un hombre que entra (…).” (pág. 33). Publicado por la editorial La Isla de Siltolá, este breve diario es la consumación y la consumición de un juego de prosa poética en el que Concha García refleja la belleza de la inmediatez, la nostalgia que todo hecho anecdótico desprende, la multiplicidad de matices que la estancia en una terraza, la contemplación de un paisaje desde un balcón o un sencillo de paseo revelan al creador, como si el mundo fuese no una cosa en sí, sino un proceso insondable donde las palabras fracasan, pero cuya belleza nos salvan de ese hundimiento definitivo ya que el descreimiento en lo visible, en lo vivido, puede ser fulminante: “Las revelaciones, precisamente no son la “revelación” de lo sagrado. Como la misma palabra indica, no confiere realidad, simplemente levanta el velo (revelare) de lo que ya está ahí. Nada es sagrado por sí mismo, precisamente porque no existe ninguna cosa por sí misma, en sí misma”. (pág. 98)

Lo existencial, la filosofía implícita de Husserl y referencias cinematográficas de la nouvelle vague subyacen en estos fragmentos de vida, pues, al igual que en sus poemas, nuevamente la autora consigue con la serenidad de su mirada incisiva una clase de canto elegiaco puesto que las ausencias, la erosión de los espacios y el lenguaje insólito, siempre inédito, de las multitudes inspiran este diario donde la disidencia contra las convenciones sigue siendo lo poético, su poética y la intertextualidad con su propia obra y sus recuerdos.

Hay también un incorformismo en no ceder su lenguaje a lo autobiográfico meramente, sino a una mezcolanza que acostumbra a fusionar lo experimental como experiencia con esa verdadera biografía de lecturas y sentires sobre la estética cuyo sentido último es literaturizar lo que la autora vive, lo que respira, los apegos, las renuncias: “Evoco la lejanía y recitamos un verso de Alejandra Pizarnik: Cómo decir en palabras de este mundo que partió un barco llevándome.” (pág. 86).

Indudablemente Concha García insiste en la fragmentación en este diario, porque tiene cada vez más claro ese axioma fundamental en el que ha de residir una escritura de auténtica madurez; es más importante lo que no se dice que aquello que manifestamos: “El niño me ofrece el aura, aquello que decía Benjamin: la contemplación de una lejanía por muy cerca que pueda estar. La contempladora se aleja del monumento pensando que todo es posible.” (pág. 84).  Enhorabuena, Concha.

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Publicado el marzo 11, 2016 en En España, escritores, español, Inicio, Manuel García, reseña, Reseñas, Reseñas DLO y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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