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‘Los huéspedes’ de Pedro Pujante, una lectura que no te dejará indiferente

huespedesDebo confesar que nunca había leído un libro como Los huéspedes, de Pedro Pujante. Tengo unos gustos muy cerrados, pero ha sido toda una experiencia. Se trata de una novela descabellada. Además, desde el planteamiento. Esto no es malo. Significa que lo que leerás será diferente. Lo cual, en un mundo donde lo normal es copiar la fórmula del éxito, se agradece.

Lo que arranca como una novela de suspense (escritores convocados a un simposio sobre literatura secreta… es decir, algo que puede ocurrir), poco a poco acaba en una novela de ciencia ficción delirante. Un completo absurdo (género literario).

El autor murciano recurre a todos los elementos de la ciencia ficción: superpoderes, viajes en el tiempo, clones, apocalipsis, zombis y la gran batalla final. Sin embargo, los envuelve en un contexto humorístico que le da un toque personal a toda la obra.

También ayudan a crear el tono absurdo-humorístico las referencias a la cultura televisiva: Belén Esteban, aunque sin citarla su presencia en el escenario donde se desarrolla la historia es evidente, Perdidos o El Show de Truman. Estas referencias son mucho más próximas al lector medio que los comentarios sobre otros escritores, siendo Francisco Umbral el más importante de los literatos citados.

La historia, dividida en cuatro partes, se estructura en 40 capítulos. La mayoría de extensión breve, lo que da un ritmo ágil. Sé que es un comentario típico de alguien quisquilloso, pero me siento obligada, no lo puedo evitar: a lo largo del libro encontraremos algunas erratas. Seguro que se corregirán en las siguientes ediciones.

Publicado por Ediciones Irreverentes, el libro incluye el prólogo del escritor y político Joaquín Leguina.

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Reseña: “Perdimos la luz de los viejos días”, de Isaac Belmar

Isaac Belmar nos adentra en una historia intimista, desgarradora y crítica

Por: Alberto Berenguer    Twitter: @tukoberenguer

Portada de la novela. Edita Ediciones Irreverentes

Portada de la novela. Edita Ediciones Irreverentes

Hace unos meses os comenté mis impresiones de la obra Finalista del III Premio Oscar Wilde de Novela, August. Pecado mortal, de David J. Skinner. Un relato corto, potente y agónico, con la silla eléctrica como protagonista en la Norteamérica de mediados del siglo XX.  En esta ocasión, os hablaré de Perdimos la luz de los viejos días, que le ha valido el Accésit del III Premio Oscar Wilde de Novela Breve en 2014. Tras un amplio recorrido por el relato breve, el escritor valenciano Isaac Belmar nos adentra en una historia intimista, desgarradora y crítica, narrada en primera persona a través de un ‘hombre pequeño’, apodado por algunos como ‘hombre triste’, siendo el protagonista principal de la novela. De esta manera, el autor Isaac Belmar evita a toda costa encasillar la historia con un único nombre; así el narrador comparte sus propios sentimientos y reflexiones con el lector con la intención premeditada de que cualquiera pueda empatizar con él y con su historia. Sentirla como propia. Incluso siendo el eslabón principal de la novela, el autor deja claro la expresión de la muerte en nuestra sociedad desde el comienzo: “Yo no sé si importo. Ella se fue y hay quien dice que algunas de las mejores historias empiezan con esas tres palabras”.

Cita importante de la novela

Cita importante de la novela

¿Quién no ha pensado en algún segundo de su vida, qué injusta es la vida? ¿Quién no ha tenido un punto de inflexión? ¿Quién no ha sentido rabia e impotencia? O simplemente se ha preguntado, ¿por qué?

Todo ello aparece en Perdimos la luz de los viejos días, porque el protagonista pretende vengarse de la vida y de aquellos que hicieron sufrir al amor de su vida, Miriam; arrebatada injustamente y asesinada por un cáncer. La desesperación y la rabia contenida le llevan a tener un solo cometido en la vida: tomar la justicia por su mano y de una manera cruel, morir sufriendo. Pero en pocos días, esos sentimientos destructores irán diluyéndose con las apariciones de su amada en sueños. A partir de esta premisa, algunos lectores podrían catalogar la novela únicamente como narrativa íntima y onírica. Sin embargo, el autor emplea las mafias y los esbirros para darle un toque especial de novela negra. Además, Isaac Belmar aprovecha la historia novelada para criticar sutilmente y con maestría el reconocimiento que se suele dar a una persona tras su fallecimiento como sucedió con el trabajo de Van Gogh, la hipocresía implantada en nuestra sociedad, la estafa emocional de los libros de autoayuda o los crímenes que se están cometiendo hacia la cultura con el cierre de bibliotecas o con el gran respaldo del lector hacia libros de famosos. Al menos, es la sensación que me ha transmitido.

Una novela en la que puedo poner pocas pegas o ninguna, porque simplemente me ha encantado. Me ha gustado su pluma expresando literariamente rasgos, emociones y situaciones con gran calidad narrativa. Directa en sus diálogos y profunda en las emociones. También la historia; intensa y realmente conmovedora, sobre todo con las conversaciones, tanto en vida como en sueños, entre el ‘hombre pequeño’ y Miriam. Los personajes encandilan al lector. He hablado solo de dos, pero también aparecen otros importantes como el Papa, el pez gordo de las Cien Puertas, y su extraño asesor quien guía a los clientes del Papa en sus venganzas. El final es sorprendente y frenético, culminando la novela de forma extraordinaria y chocante. Y como no, el título y la portada. Aprovecho para felicitar a Ediciones Irreverentes.

Perdimos la luz de los viejos días es una buena novela para nutrirse de una historia breve con sus ciento veintidós páginas, pero intensa y conmovedora. Una historia que no se borrará pronto de tu memoria. Me gustaría agradecer a Isaac Belmar por permitirme leer este fantástico libro y a Ediciones Irreverentes por acordarse siempre de nuestro blog. Es incuestionable que el Premio Oscar Wilde de Novela Breve da cabida a historias dignas de leer, mencionar y recomendar.