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Ronin, de Francisco Narla: una novela que rinde tributo a la epopeya y a la oralidad

Después de entrevistar al autor, Francisco Narla, conocemos la crítica que el escritor Manuel García hace sobre Ronin 

Por: Manuel García

Para muchos, la mejor novela histórica del 2013

Para muchos, la mejor novela histórica del 2013

En ocasiones tengo en cuenta el valor narrativo de una obra cuando, al leer en voz alta alguno de sus párrafos, descubro esa letanía subyacente en el ritmo de su lenguaje, una marca de oralidad que me recuerda a la tradición como una ofrenda ancestral, como una epifanía que rinde culto a la palabra en sí misma. La palabra como origen del mundo y de la historia de cada uno de nosotros en ese Libro Infinito que es el universo, parafraseando a Mallarmé.

Ronin tiene esos visos de epopeya y de epifanía. Ronin, publicada por TH Novela, nos descubre otra reinterpretación del mito iniciático del samurai que se enfrenta a su solitaria condena errante para lograr que la hazaña sea valedora de una salvación personal y de toda una comunidad. Sobre Assur escribí lo suyo en su momento y, sobre Ronin, mantengo las siguientes virtudes que la novela ofrece para aquel lector que quiera adentrarse en una historia de aventuras, acorde con una tradición anglosajona que Narla ha asumido con un lenguaje preciosista y abigarrado: “El sol se ponía por la popa y Hasekura Tsunenaga observaba fascinado los telones de agua que se abrían reverencialmente ante la roda. De todas las órdenes que había recibido en su vida, aquella encomienda de viajar al país de los nanbanjin era, sin duda, la peor de todas. Echaba de menos sus humildes tierras, añoraba a su familia” (pág. 630). Lee el resto de esta entrada

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Francisco Narla, autor de la mejor novela histórica del 2013, nos presenta ‘Ronin’

“Para crear un libro intervienen muchos agentes y que cada uno de ellos se lleva un porcentaje muy pequeño del total del precio del libro”

Por: Tania J. Baeza

Francisco Narla/ Fuente: Mundiario

Francisco Narla/ Fuente: Mundiario

Por si alguien no lo sabe. ¿Dónde se sumerge aquel que decida leer Ronin?
No es fácil ser conciso ante una pregunta así… Digamos que un complejo mundo regido por el poder y el dinero, marcado por las rutas comerciales a Oriente, viciado por la corrupción, herido por la guerras y marcado por los actos de unos pocos hombres.

Hablamos de un siglo XVII en el que el Japón se unificó tras siglos de sucesivas guerras civiles, de un país del sol naciente marcado por regímenes feudales. Y lo relacionamos con un convulso imperio español preñado de corruptelas y dolido por el interminable conflicto en Flandes.

Viajaremos a Manila, a Veracruz, a Acapulco, a Madrid, a Valladolid, a Goa y, por supuesto, al mismo Japón; conoceremos a samuráis, a valientes hombres de los Tercios, a jesuitas caprichosos, al duque de Lerma y al mismo Felipe III.

Así que espero que el lector encuentre pasiones, traición, ansias de venganza, amor, aventura, sueños, recuerdos. Espero que la tinta se transforme en sentimientos porque de nada sirven las palabras de un escritor si el lector no las insufla de alma y vida.

Yo he intentado reflejar con delicadeza y precisión el convulso y fascinante Japón feudal, he querido mostrar la vida de aquellos hombres que emigraban de cualquier pueblo a las Indias para medrar, y he querido que el encuentro entre occidente y oriente sorprendiese. Pero, más que ninguna otra cosa, espero que el lector se entretenga. Me gustaría creer que, al acabar la novela el lector cerrará sus páginas y pasará la mano por el lomo del libro sintiéndose reconfortado, pensando que ha merecido la pena confiar en mí.

Como ocurrió con su anterior novela, Assur, se adentra en un episodio histórico poco conocido. ¿Cómo lo descubrió usted?
Así es. No resulta un hecho conocido, a no ser en algunas partes de Andalucía, dado que la embajada nipona recaló en Sevilla, sin embargo, es absolutamente cierto que una misión diplomática japonesa viajó a la actual Europa a comienzos del siglo XVII y que, entre otras muchas cosas, intentó trabar lazos comerciales con Felipe III. Lo que resulta más oscuro son las motivaciones y los tejemanejes políticos que condicionaron dicha embajada y que resultaron un verdadero rompecabezas para hilvanar la trama de la novela. Pero, en suma, es indudable que unos cuantos japoneses remontaron el Guadalquivir hace cuatrocientos años; tanto es así que de aquel entonces proviene el apellido Japón, común para muchos Sevillanos. Y lo que es más, este año próximo se celebrarán multitud de actos conmemorativos en virtud del cuarto centenario de tan curiosa ocasión.

Y, respondiendo a la pregunta, yo supe de esta curiosa expedición cuando, al pasear por Coria del Río hace unos años, me topé de bruces con una estatua erigida en honor al embajador enviado por los japoneses, Hasekura Tsunenaga. Yo siempre he tenido cierta afinidad con la cultura japonesa (hace años que cultivo bonsáis, por ejemplo) y el saber de esta misión diplomática, digamos encendió la mecha que llevaría a plasmar su historia en unas páginas. Lee el resto de esta entrada