Archivo del sitio

Deconstruyendo al novelista murciano Miguel Ángel Hernández

” Eso es lo que me gustaría conseguir en mis libros, lo mismo que Haneke consigue en sus películas. Una intensificación de la experiencia”

anagrama

Fuente: Anagrama

Por: Manuel García
Quizá lo que seduce de su literatura es esa heterodoxia donde narración y ensayo confluyen para producir un discurso de ficción que se mueve entre el thriller psicológico y esa percepción apasionada, otras veces escéptica, que el autor experimenta hacia el arte contemporáneo. Con la publicación de El instante de peligro, en Anagrama, nuestro narrador parece definir ya una trayectoria inspirada en la innovación del género sin renunciar a un debate interno que cuestiona las bases ideológicas de nuestra posmodernidad, su inconsistencia o la frivolidad de nuevas formas de entender lo sagrado y lo profano.

En la última novela de Miguel Ángel Hernández, existe esa expiación que reconcilia al autor con la materia y la forma de un arte actual que se caracteriza por su diversidad y su cambiante estructura. A veces, detrás del peligro de lo aparente y lo volátil, existe una resonancia de lo eterno, una propuesta sutil de transformar la realidad para transcenderla.

No todo en la narrativa actual está perdido con novelas como Intento de escapada o El instante de peligro. No todo en el arte contemporáneo se basa en aforismos dictados por Warhol, sino que existe un recelo, un ansia, que se traduce en una necesidad de buscar la comunicación con los ausentes, en una incesante manera de reivindicar nuestra existencia y sus posibles sentidos a través de la elegía.

A veces en tus obras el arte contemporáneo se convierte en un subtexto ensayístico que funcionaría de manera autónoma. ¿Existe ese planteamiento a la hora de comenzar a escribir?
Es cierto que hay una parte ensayística que se podría entresacar, pero no tengo tan claro que pudiera funcionar de manera autónoma. O al menos no funcionaría en el sentido en el que entiendo las ideas, como algo que se despliega y toma forma en la vida. De hecho, por eso decido escribir ficción, porque en ella las ideas se “incorporan”, se hacen cuerpo en las historias. A la hora de plantearme escribir la novela no pienso primero en la teoría y luego en el relato emocional, sino que los dos se van articulando al mismo tiempo. Para mí son inseparables. Sí que hay un momento en el que la historia parece que se eleva sobre la teoría, o que el peso cae más del lado de la emoción, aunque nunca hay una desaparición de ninguno de los dos polos. Como digo, no entiendo uno sin el otro. Lee el resto de esta entrada